Se barajaron cifras de pobreza. Números de Alemania, Argentina y también de Bahía Blanca. Según el gobierno, en el país los pobres son menos del 5%. Un estudio de hace 18 meses realizado por el Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca Argentina (CREEBBA) arroja que en nuestra ciudad son casi el 30%.
¿Qué opinan tres de las principales instituciones locales de asistencia? Cáritas, Hogar Mamá Margarita y Los Pibes de Don Bosco.
“Falta trabajo y falta vivienda. La inseguridad empobrece más”, afirma Nela Agesta, fundadora de Mamá Margarita.
Si bien aclara que no llevan la cuenta, sostiene que hay días que el hogar alimenta a unas 50 personas, así como en otros los invitados son 200. Destaca la ayuda de los jóvenes colaboradores, así como lo “vital” que resulta la colecta anual de Cáritas para el sostén de la entidad.
“Ofrecemos las cuatro comidas de lunes a domingo, las puertas siempre están abiertas para quien necesite comer”, agrega.
Marina Huentenao, directora general de Cáritas Bahía Blanca, dice que tampoco maneja cifras. Un poco porque “no contamos con las herramientas para llevar las estadísticas” y otro poco porque no lo cree necesario. “Con que haya un pobre que nos necesite ya tenemos motivación suficiente”, dice.
No se anima a comparar la situación actual con otras anteriores, excepto que “claramente se está mejor que durante la crisis de 2001”. Pero sí explica el flujo de personas carenciadas en la institución: “Hay familias que vienen un tiempo y después ya no, depende de si consiguen trabajo o se les termina la changa y necesitan comer. Si llegar a fin de mes nos cuesta a todos, imaginate a ellos”.
El invierno todo lo recrudece. “Para quienes menos tienen, el frío golpea el doble”, lamenta y explica que al ritmo que Bahía se expandió, los barrios periféricos crecieron descontroladamente.
“La mayoría no cuenta con los servicios básicos, no tiene cloacas y cuando llueve rebalsan los pozos”, señala.
Lucila Reale es coordinadora del proyecto Los Pibes de Don Bosco. La agrupación trabaja principalmente en Villa Caracol y Noroeste, barrios donde, entre otras cosas, en los últimos tiempos abundaron los cruces entre cartoneros y el municipio.
“Tenemos más chicos que el año pasado. En parte por la situación económica y en parte, queremos creer, porque les gustan las actividades que proponemos”. Comenta que en el sector el 75% de las viviendas son de chapa, hay violencia “general, no solo de género”, y la educación, los alimentos y la calefacción no son moneda corriente.
A los niños los contienen desde el juego, les ofrecen merienda o cena y los viernes van al patio del Don Bosco hasta 140 chicos, de 13 años en adelante. “Es admirable su optimismo, siempre piensan y dicen que todo se va a solucionar, que van a salir adelante. Tienen muchos valores y motivaciones”, dice.
“Los cartoneros están conformes, pero también cansados. Durante el enfrentamiento con la comuna y los protectores de animales por la tracción a sangre se sintieron muy discriminados, lo percibían hasta por la forma en que los miraban. Son víctimas de mucha violencia familiar, nosotros apuntamos a mejorar ese clima. Hay chicas que sufren la violencia de género, pero no se animan a denunciar. Muchas fueron a la marcha de Ni Una Menos”.
La Nueva Provincia
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