Un
año atrás, el mercado laboral expulsaba empleo. En el presente,
como durante los últimos años de la gestión kirchnerista, el signo
vuelve a ser la ausencia de dinamismo o -lo que es lo mismo- un
marcado estancamiento del mundo del trabajo.
El
Indec informó ayer lo que podría leerse como una buena noticia
previa a las elecciones de octubre: el desempleo cayó de 9,3% a 8,7%
entre el segundo trimestre de 2016 e igual período de 2017. Sin
embargo, hay un único éxito en ese fenómeno: que el organismo
estadístico pudo -por primera vez desde el cambio de gestión en el
gobierno- dar un dato del mercado laboral que es comparable
interanualmente, algo que hasta ahora no había podido brindar desde
el apagón estadístico que derivó de los años de falseamiento
kirchnerista.
Varios
especialistas confirmaron ayer a LA NACION que el descenso de la tasa
de desocupación se debió a que menos personas buscaron empleo
(caída de la tasa de actividad) y no a que el mercado privado formal
e informal o el sector público hayan creado suficientes empleos para
absorber desempleados o el crecimiento vegetativo de la población.
Todos coinciden en que las señales de mejora son débiles, sobre
todo si se tiene en cuenta que los datos difundidos se compararon con
un año de ajuste,
La
Encuesta Permanente de Hogares (EPH) estimó ayer que -si se proyecta
más allá de los 31 aglomerados que mide el organismo- en la
Argentina hay 1,6 millones de desocupados y 4,7 millones de personas
con problemas de empleo. Las regiones del país con una tasa de
desocupación más elevada son Mar del Plata (11,9%), los partidos
del Gran Buenos Aires (10,9%) y el Gran Rosario (10,8 por ciento). La
tasa de actividad, aquellos que buscan empleo activamente, cayó en
el período analizado, de 46% a 45,4%, en tanto que la tasa de
ocupación pasó de 41,7% a 41,5 por ciento. La subocupación, en
tanto, cayó levemente, de 11,2% a 11 por ciento.
En
el gobierno de Mauricio Macri hay una explicación oficial para el
estancamiento. La criatura se llama hoarding, que básicamente se
traduce como "retención de empleo". La caracterización es
simple. En momentos de ajuste (primer semestre de 2016), las empresas
no despiden masivamente, por lo que cuando la economía mejora
(último bimestre de 2016 y principios de 2017) las firmas cuentan
aún con capacidad ociosa. Por eso tardan más tiempo en volver a
contratar. Lo cierto es que los datos de las consultoras privadas,
como Manpower, indican que para fines de año las expectativas de
selección mejoran, pero siguen siendo prudentes.
"Es
un dato que confirma lo que venimos viendo reflejado en muchos
sectores que están creciendo, en las cifras que nos marcan que en un
año se han creado más de 186.000 puestos de trabajo, y una economía
que da buenas señales", afirmó a LA NACION el ministro de
Trabajo, Jorge Triaca. En el neto, esos empleados registrados nuevos
se compensan en la EPH con pérdida en trabajos en el mercado
informal, creen algunos de los analistas.
"Sabemos
que vamos por el camino correcto y que todavía falta mucho. Es
necesario el compromiso tanto de los dirigentes sindicales como del
sector empresario para trabajar juntos en la formalización de los
más de cuatro millones de trabajadores que desde hace muchos años
están en la informalidad", agregó.
La
economista de Labour, Capital & Growth (LCG) Melisa Sala
coincidió en que la baja del desempleo no termina de ser positiva.
"No se explica tanto por la creación de nuevo empleo, sino por
una menor tasa de actividad, que implica que muchos trabajadores
abandonaron la búsqueda laboral", dijo, y agregó que los
motivos pueden ser opuestos. "Por un lado, el efecto desaliento
ante la imposibilidad de encontrar un empleo y, por otro, la menor
necesidad de complementar ingresos en la medida en que la situación
mejora". La economista agregó que con una tasa de actividad de
46%, el desempleo habría sido de 9,9 por ciento,
"De
los 78.000 trabajadores que abandonaron su condición de desocupados
48.000 encontraron empleo y 30.000 se volvieron inactivos",
indicó Sala. "Estos últimos se sumarían a las 136.000
personas que, dado el crecimiento vegetativo, deberían haber
ingresado al mercado y no lo hicieron", explicó.
Para
Juan Luis Bour, director de FIEL, el efecto desaliento existió, pero
es menor justamente porque se da en momentos en que crece el empleo.
"La explicación parece estar en los pagos de transferencias,
planes sociales, que reducen la participación", afirmó. Bour
estimó que la tasa de empleo cae en el Gran Buenos Aires, pero se
mantiene estable en el interior y en territorio porteño. "Lo
que estamos viendo es una recuperación económica de la región
pampeana y partes del Norte más rápida que en el resto. Esto
anticipa alguna mejora en el tercer trimestre, pero será débil",
señaló.
"Los
datos del mercado de trabajo van en línea con lo anunciado la semana
pasada por las estadísticas porteñas: hay más estabilidad que
cambios", describió Daniel Schteingart, investigador del
Instituto Estadístico de los Trabajadores. "No se presentan
diferencias significativas ni en tasa de empleo, ni de actividad, ni
de desocupación. Vale tener en cuenta que estamos comparando contra
el peor momento de la recesión económica", agregó.
Schteingart
destacó que si bien la actividad económica mejoró respecto de ese
período, el empleo se mantuvo sin mayores variaciones. También dijo
que el conurbano y la región patagónica son las zonas que más
sufrieron en su tasa de empleo por la mala situación que viven la
industria y el sector petrolero.
"Un
signo promisorio es que los ocupados demandantes disminuyeron en
130.000", dijo Jorge Colina, economista de Idesa. "Es un
número sensible, ya que representa un 6,5% menos de ocupados que
buscan otro empleo. Podría sugerir que más ocupados estarían
trabajando las horas que esperan hacerlo", cerró
Fuente:
lanacion.com

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