Domingo 24 de octubre de 1999. Mientras casi la mitad de los argentinos elegía a Fernando De la Rúa como presidente, en diversos hospitales del país nacían los últimos invitados al arca electoral que como destino tendrá dos visitas al cuarto oscuro: las PASO de agosto y las generales de octubre.
A diferencia de las elecciones legislativas de 2013, en las que 800 mil adolescentes se quedaron sin la posibilidad de debutar en las urnas por no haber tramitado el nuevo DNI, se estima que en esta oportunidad 1.300.000 chicos podrán hacerlo. En Bahía serían unos 10.000.
Representando un 4,5% del padrón, estos chicos que se criaron en la era digital pueden significar la diferencia entre la victoria y la derrota en unos comicios que se vislumbran reñidos.
Si seducir al votante fue siempre un desafío para los equipos de campaña de los políticos, atraer y convencer a estos adolescentes es un objetivo que se afronta con tácticas y estrategias dignas de la mercadotecnia.
Rebeldes, de gustos e intereses cambiantes, influenciados por precoces ídolos de YouTube, amigos o hermanos mayores, los especialistas sostienen que pese a eso, estos teen agers siguen copiando el voto de sus padres en un 50% de los casos.
Basta con admitir que hay muchos jóvenes y adultos que pese a su edad no están capacitados a la hora de emitir un voto responsable, para poner en tela de juicio el argumento que desestima a estos chicos como votantes por el solo hecho de ser, por naturaleza, inmaduros.
Más habituada a dar “me gusta” en Facebook, y “favoritos” o “retuits” en otras redes, esta generación no está acostumbrada ni considera de su época meter un sobre en una urna para emitir una opinión. Seguramente, para muchos de ellos la posibilidad de votar represente la chance de subir a las redes una foto novedosa que siga la tendencia marcada por sus contactos.
Pero claro que también están, como en todas las edades, quienes se comprometen con su derecho. Ya sea por interés en la política, por influencia de su entorno o por sentir el deber de estar a la altura de tal responsabilidad, hay chicos que se preocupan, siempre con internet como herramienta, por informarse sobre el futuro de su país.
Los asesores de campaña saben a qué nuevo grupo están apuntando. Tal vez conozcan los gustos de estos chicos de entre 15 y 17 años mejor que sus propios padres, motivados por cautivarlos y ganarse su confianza. Lejos de apuntarles con artillería pesada y aburrida, saben que para captar la atención deben entrarles por donde más cómodos se sienten: las redes sociales.
Para entender a qué nos referimos cuando hablamos de un nuevo “idioma” adolescente, nada mejor que poner un ejemplo. Consultados sobre su dependencia de una computadora, los teens contestaron que pueden vivir sin ella. No así sin su teléfono inteligente, del que sí dependen para sentirse parte o, sencillamente, “sentirse”.
Esa computadora, luego notebook y ahora tablet que para muchos es lo último y lo complejo, para ellos es una salida cuando les falta la extensión de su mano, el celular.
Los políticos lo saben, estudian bien a sus “clientes” y saben dónde apuntar la lanza. Mensajes precisos, imágenes simples y todo tipo de marketing llevados al compromiso cívico son las armas con las que buscan hacerse de este grupo, del que puede depender que el 10 de diciembre estén en el sillón de Rivadavia.
Fuente: www.lanueva.com
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