Los desalentados son aquellos que dejaron de buscar
trabajo por diversas razones y que no se cuentan como personas sin
empleo; las estadísticas los pasan por alto, pero si los incluyeran, el
índice de desempleo sería mayor. Por Paula Urien
| LA NACION
Se
los llama los desalentados y son aquellos que están en edad de trabajar, pero
que no buscan trabajo y no figuran como desocupados, según el Indec. Este mes,
el índice de desocupación se mantiene en 7,2% y corresponde a 1,12 millones de
personas.
La
gran pregunta es, entonces, a qué se debe este desaliento de los inactivos. Las
razones son muchas: porque cuentan con algún plan social o seguro de desempleo;
porque perdieron las esperanzas y dejaron de buscar; porque están en una
segunda o tercera generación de desocupados, y buscar trabajo no está en sus
planes; porque creen que la edad no acompaña (más de 40 años); porque cuentan
con un subsidio antidespido (Repro); porque no terminaron la primaria o la
secundaria y notan que sus posibilidades son escasas, etcétera. Ellos, los
inactivos, son 7,12 millones de personas.
También,
dentro de esta cifra, pero imposible de discriminar en números, están quienes
no quieren trabajar porque cuidan a sus hijos (en un hogar con un jefe), y
quienes estudian, entre otros casos. Para Jorge Colina, economista e
investigador del Instituto para el Desarrollo Social de Argentina (Idesa), la
desocupación oculta es gente inactiva que no sale a buscar trabajo por tener
baja formación o no encuentra oportunidades. "En general se trata de los
jóvenes y, por otro lado, también las amas de casa", explica.
"El
fenómeno del desaliento se define como las circunstancias por las cuales
algunos componentes potenciales de la fuerza laboral no se incorporan a ella o
directamente salen de la misma como consecuencia de la convicción de no poder
encontrar un puesto de trabajo que satisfaga sus expectativas", dice
Javier Lindenboim, director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y
Desarrollo de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.
Este
último grupo, que no forma parte del índice de desocupación, ayuda con su
respuesta, no busco trabajo, a la baja del porcentaje.
"En
los 90 este concepto se acuñó fuertemente para el mercado de trabajo en la
Argentina. Se afirmaba que [la desocupación oculta] era consecuencia de la
frustración dadas las crecientes dificultades para participar del mercado
laboral y porque se evidenciaban signos crecientes de precarización de los
vínculos salariales", dice Lindenboim, también investigador del Conicet.
Además,
en el último tiempo hubo una ayuda extra. "Encontré en los últimos
trimestres algo un poco extraño -dice Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL-.
Cuando cae el empleo, también cae la población activa [aquella en edad de
trabajar que tiene un empleo o que lo busca]. De esta manera la tasa de empleo
se mantiene constante (ver gráfico). El comportamiento que se nota es
extraordinariamente excesivo. Lo sospechoso es que cuando crece menos el
empleo, cae en la misma proporción la población activa. La PEA se mueve
demasiado, según el Indec."
Para
Bour hay que tener en cuenta la calidad del empleo. "En Europa del Este,
antes de la caída del Muro, todos estaban ocupados, pero la productividad era
bajísima. Después, mucha gente salió del mercado porque en realidad no
trabajaban. Hoy, el índice de desocupación puede mantenerse en parte por los
empleados públicos [3,3 millones de personas], pero hay una alta
ineficiencia." Además -agrega Bour- no hay que olvidarse de que un tercio
de los asalariados son informales y un 2% son cuentapropistas de baja
productividad.
Para
el Indec, en cuanto a los subocupados, la población ocupada es "el
conjunto de personas que tiene por lo menos una ocupación, es decir, que en la
semana de referencia ha trabajado como mínimo una hora en una actividad
económica". Estas personas no figuran entonces como desocupadas. "En
la Argentina se considera subocupado a aquel que trabajó menos de 35 horas en
la semana. El punto es que cambió el piso, es decir, el umbral de horas mínimas
semanales. Con la última modificación del Indec se bajó demasiado, hasta una
hora semanal", agrega Lindemboim.
El
otro gran grupo está relacionado con los que cobran subsidios. Según el abogado
Julián de Diego, a la Argentina le falta escalar a la etapa siguiente, que
consiste en dar educación obligatoria con salida laboral a los que reciben el
beneficio para que vuelvan a la cultura del trabajo. "En San Luis, por
caso, si no estudian o colaboran con tareas comunitarias, los beneficiarios
pueden perder los subsidios. Estos deben ser temporarios o decrecientes y deben
formar parte de un puente que pueda relacionar y volver a enganchar al excluido
con el mercado laboral."
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