Risa, impotencia y el blanco de una “tomada de pelo”. Por esos
vaivenes pasaron estos días los salteños al escuchar que el Indec
estableció que cada uno puede comer con $6 (casi un dólar si se toma
la cotización paralela). Si un salteño quiere comprar la pobre canasta
básica de alimentos gasta al menos $13,50. Para eso debe recurrir a
marcas económicas y ofertas. Aquí no existen los precios que Guillermo
Moreno, secretario de Comercio, obtiene del Mercado Central de Buenos
Aires.
Los productos que el Indec mantiene como parámetros de la
alimentación no cumplen los requerimientos de nutrientes para un ser
humano. Como se trata de una canasta de 1988, no representa los
actuales hábitos de consumo, y no aporta calcio ni hierro suficiente.
Los comensales quedan con hambre.
Estela Ola Castro, docente de la cátedra Economía Alimentaria de la
carrera de Nutrición de la UNSa, indicó que un adulto necesita $13,50
por jornada para adquirir la mercadería del Instituto de Estadísticas.
“Esta cubre solamente las necesidades energéticas para el hombre adulto
denominado equivalente, que tiene entre 30 a 59 años, con una actividad
moderada”.
El estudio local fue realizado en base al relevamiento de precios de
agosto que realizó la Subsecretaría municipal de Defensa del
Consumidor y se tuvo en cuenta la cantidad de gramos que exige el
Indec.
Para muchos, “el dibujo” de los $6 se trató de un chiste. Lo cierto
es que al negar la inflación, el Gobierno kirchnerista pone bajo la
alfombra los niveles de indigencia del país, que se establecen a
través de esta canasta. Comer con un dólar por día es sinónimo de
pobreza extrema en otras partes del mundo.
Ante la mala alimentación que propone el Indec, Ola Castro dijo que
el menor aporte de micronutrientes causa en los niños déficit en el
crecimiento. Con este panorama, los chicos pueden tener bajo
rendimiento escolar. Por la falta de calcio, las mujeres adultas pueden
padecer osteoporosis y otros problemas de los huesos. Además, la
escasez de hierro genera anemia.
En los barrios, que no suelen seguir escalas nutricionales, se
cocina acorde al presupuesto, al apetito y el tiempo disponible. Ayer,
una ama de casa se dirigió al Super Vea de la zona sur. Compró un
pollo de 2,900 kg a $35,71, media docena de huevos a $6, un paquete de
arroz a $6,95 y una gaseosa cola de tres litros en promoción a $14,10.
“Aquí nomás son $62,76. Almorzaremos un simple pollo con ensalada. En
la verdulería voy a comprar $2 de tomate. Sumando el pan, el té, el
postre, la leche y las frutas, llegas fácil a 100”, agregó.
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