Gran repercusión, y reacción, ha provocado la publicación por el Indec de los valores de la canasta alimentaria de julio y los indicadores relacionados con ella como porcentajes de pobreza e indigencia. Una burla para todos los argentinos y su inteligencia, se lo mire por donde se lo mire.
Comencemos por los números; el organismo
intervenido sostiene que una persona se puede alimentar con poco menos
de $ 6 por día. Una familia tipo (dos adultos y dos niños de entre 5 y
10 años) con $ 23 diarios. Estos valores arrojan un presupuesto de $ 688
mensuales para alimentar adecuadamente a la familia tipo.
Esa cifra a su vez determina la línea de indigencia, es decir que las familias que tengan un ingreso inferior a dicha suma son consideradas indigentes. Cuando al presupuesto exclusivamente para alimentos se le suman los otros gastos necesarios para la subsistencia se llega a la suma de $ 1.528, que determina la línea de pobreza. Una familia que perciba ingresos similares o superiores a ese monto no es pobre.
Lo son quienes están entre los $ 688 y $ 1.528. Como consecuencia de estos valores, en el país casi no hay indigentes y la pobreza afecta solamente al 6,5% de la población. Seguramente son estos datos los que manejan los funcionarios nacionales y provinciales, una falsedad absoluta.
Frente a esta ficción, una burla a la población, han surgido réplicas con números y fundamentos técnicos y científicos. Uno de ello es del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, que coordina el economista Claudio Lozano y pertenece a la CTA denominada opositora. Este Instituto sostiene que para alimentarse correctamente se necesitan $ 19 por persona y $ 75 por familia tipo por día, es decir más del triple del cálculo oficial.
Con estos datos se alcanza una canasta alimentaria de $ 2.251 mensuales y las familias que perciban ingresos menores a esa suma serían indigentes. Con los mismos datos la canasta básica se ubica en $ 4.151, suma mensual necesaria para no ser pobre. Como es obvio, con estos valores los porcentajes de indigencia y pobreza cambian significativamente. La indigencia alcanzaría al 12,8% de la población y la pobreza al 31,5%. Es evidente que estos números parecen traducir mejor la realidad social que un buen observador percibe a diario.
Llamativamente, a través de una nota del diario Clarín, han terciado en este tema profesores de las carreras de Nutrición de la Universidad de Buenos (UBA) y de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Sostienen estos especialistas que la dieta del Indec compuesta por 27 productos es poco equilibrada y “obesogénica” y que, sobre la base de una dieta que satisfaga las necesidades de alimentación equilibrada y sana, una familia tipo necesita $ 95 diarios y $ 2.861 mensuales. Tantos los datos de la CTA como de las Universidades mencionadas son coincidentes con diversas mediciones de otras instituciones.
Pero lo más grave y preocupante son las consideraciones efectuadas por el profesor titular y coordinador de la carrera de Nutrición de la UNLP, Sergio Britos. Dice que los $ 23 por día para una familia pueden alcanzar “para pan, fideos ... pero también para desnutrirse y enfermarse.
Nosotros hablamos de comida y nutrición sana”. Sostiene que la canasta básica de alimentos que maneja el Indec es demasiado vieja, de 1988, y que es un perfecto modelo de dieta obesogénica, nutricionalmente pobre y contrapuesta a los lineamientos que la OMS plantea para una alimentación saludable. Sostiene Britos que en la Argentina hay 54% de personas con sobrepeso y 66% con exceso de grasa saturada, sodio y azúcares, y remata:
“Las personas y hogares indigentes no son los que no pasan hambre sino los que no pueden comer saludablemente”. Agrega: “En los chicos pobres, entre un 15% y una cuarta parte de la alimentación se origina en programas y subsidios provenientes de numerosos programas alimentarios. Y la mitad de la comida que distribuye contribuye al aumento de la obesidad en la pobreza... Con la mitad de las calorías, pero con un mejor perfil de nutrientes esenciales disminuiría el sobrepeso en niños pobres, a la vez que mejorarían sus deficiencias”. El Indec no sólo se ríe de nosotros, su burla es macabra.
Esa cifra a su vez determina la línea de indigencia, es decir que las familias que tengan un ingreso inferior a dicha suma son consideradas indigentes. Cuando al presupuesto exclusivamente para alimentos se le suman los otros gastos necesarios para la subsistencia se llega a la suma de $ 1.528, que determina la línea de pobreza. Una familia que perciba ingresos similares o superiores a ese monto no es pobre.
Lo son quienes están entre los $ 688 y $ 1.528. Como consecuencia de estos valores, en el país casi no hay indigentes y la pobreza afecta solamente al 6,5% de la población. Seguramente son estos datos los que manejan los funcionarios nacionales y provinciales, una falsedad absoluta.
Frente a esta ficción, una burla a la población, han surgido réplicas con números y fundamentos técnicos y científicos. Uno de ello es del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas, que coordina el economista Claudio Lozano y pertenece a la CTA denominada opositora. Este Instituto sostiene que para alimentarse correctamente se necesitan $ 19 por persona y $ 75 por familia tipo por día, es decir más del triple del cálculo oficial.
Con estos datos se alcanza una canasta alimentaria de $ 2.251 mensuales y las familias que perciban ingresos menores a esa suma serían indigentes. Con los mismos datos la canasta básica se ubica en $ 4.151, suma mensual necesaria para no ser pobre. Como es obvio, con estos valores los porcentajes de indigencia y pobreza cambian significativamente. La indigencia alcanzaría al 12,8% de la población y la pobreza al 31,5%. Es evidente que estos números parecen traducir mejor la realidad social que un buen observador percibe a diario.
Llamativamente, a través de una nota del diario Clarín, han terciado en este tema profesores de las carreras de Nutrición de la Universidad de Buenos (UBA) y de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP). Sostienen estos especialistas que la dieta del Indec compuesta por 27 productos es poco equilibrada y “obesogénica” y que, sobre la base de una dieta que satisfaga las necesidades de alimentación equilibrada y sana, una familia tipo necesita $ 95 diarios y $ 2.861 mensuales. Tantos los datos de la CTA como de las Universidades mencionadas son coincidentes con diversas mediciones de otras instituciones.
Pero lo más grave y preocupante son las consideraciones efectuadas por el profesor titular y coordinador de la carrera de Nutrición de la UNLP, Sergio Britos. Dice que los $ 23 por día para una familia pueden alcanzar “para pan, fideos ... pero también para desnutrirse y enfermarse.
Nosotros hablamos de comida y nutrición sana”. Sostiene que la canasta básica de alimentos que maneja el Indec es demasiado vieja, de 1988, y que es un perfecto modelo de dieta obesogénica, nutricionalmente pobre y contrapuesta a los lineamientos que la OMS plantea para una alimentación saludable. Sostiene Britos que en la Argentina hay 54% de personas con sobrepeso y 66% con exceso de grasa saturada, sodio y azúcares, y remata:
“Las personas y hogares indigentes no son los que no pasan hambre sino los que no pueden comer saludablemente”. Agrega: “En los chicos pobres, entre un 15% y una cuarta parte de la alimentación se origina en programas y subsidios provenientes de numerosos programas alimentarios. Y la mitad de la comida que distribuye contribuye al aumento de la obesidad en la pobreza... Con la mitad de las calorías, pero con un mejor perfil de nutrientes esenciales disminuiría el sobrepeso en niños pobres, a la vez que mejorarían sus deficiencias”. El Indec no sólo se ríe de nosotros, su burla es macabra.
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