Dos de cada diez menores en
Argentina tienen problemas para cubrir necesidades básicas como
alimentación, abrigo, calzado y acceder a servicios básicos de
saneamiento, según los datos del Barómetro de la deuda social de la
infancia difundido hoy en Buenos Aires.
"El mayor progreso detectado es que la pobreza
infantil por ingresos cayó nueve puntos", explicó la investigadora y
autora del Barómetro, Ianina Tuñon, quien afirmó que contribuyeron a
este descenso "políticas destinadas a la protección social, como la
asignación universal por hijo".
Sin embargo, la pobreza afecta aún al 22,2 por
ciento de los niños y adolescentes y se dispara hasta el 76,5 por ciento
en áreas marginales, como villas y asentamientos, donde la mayoría de
niños y adolescentes vive en condiciones de hacinamiento (3 o más
personas por habitación), sin acceso a agua corriente ni gas, señala el
informe.
El número de menores que vive en hogares en
situación de vulnerabilidad alimentaria es del 18,6 por ciento, sólo una
décima menos que en 2007, mientras que en el 8,4 por ciento de los
casos, la inseguridad alimentaria es "extrema", es decir, que pasan
hambre.
Respecto a la educación, el Barómetro destaca
como los mayores desafíos reducir el absentismo escolar en secundaria,
que se mantiene en torno al 8,6 por ciento de los adolescentes entre 13 y
17 años, y aumentar el acceso a la jornada completa, que en primaria es
sólo del 8,4 por ciento.
Por último, el Barómetro refleja un aumento del
trabajo infantil, que creció del 15,9 por ciento en 2007 al 17,9 por
ciento en 2011, y que afecta sobre todo a los hogares más
desfavorecidos.
Los menores en el estrato más bajo tenían 2,5 más
posibilidades de trabajar en 2007 que pares de clase media y alta, una
brecha que se amplío a 2,8 veces cinco años después. (EFE)
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