En la Argentina, la problemática
laboral va más allá de la desocupación. Dos informes recientes dan cuenta de
que la precariedad en el
empleo afecta al grueso de los ocupados. En esta categoría se encuentran no sólo los que están en
el mercado informal, sino también quienes cuentan con bajos ingresos o no
tienen asegurada la continuidad laboral. Según el Instituto de
Pensamiento y Políticas Públicas, al cuarto trimestre de 2011, el 42,5% de los
ocupados percibía ingresos inferiores al salario mínimo, establecido en $2.300.
En esta situación se encontraban 6,8 millones de personas. Al final de 2011, el
53,6% de la fuerza laboral se desempeñaba en algún tipo de modalidad precaria.
Es decir que había 8,8 millones de trabajadores afectados por este problema. Esta
magnitud creció 2,3% en 2011. “En esta categoría se agrupan los trabajadores no
registrados, los desocupados y los trabajadores familiares sin remuneración,
aquellos trabajadores del sector formal contratados por tiempo determinado,
como también aquellos que perciben ingresos inferiores al salario mínimo”,
señalan.
Según un relevamiento del Barómetro de la Deuda Social de
la Argentina, realizado por la Univesidad Católica (UCA), entre 2007 y
2011, el porcentaje de población económicamente activa (PEA) con empleo
precario pasó del 37,1% a 34,9% y el subempleo inestable de 7,3% a 11,2%. “La marginalidad laboral afectó
principalmente a los integrantes del hogar que no son jefes, los jóvenes y los
adultos mayores, los habitantes de villas o asentamientos precarios, los
residentes en el Gran Buenos Aires y los que no culminaron los estudios
secundarios”, indican. “La mejora observada en 2010-2011 parece haberse
debido exclusivamente a una generación de empleo de baja calidad”.
Este relevamiento establece
distintas categorías para definir la situación laboral de la población: Empleos
plenos de derechos, en los que se observa un cumplimiento de la normativa
vigente.
Empleos precarios, en los cuales
no se cumple la normativa, pero sí se posee cierta continuidad.
Subempleos inestables, de escasa
remuneración y/o alta inestabilidad.
Personas directamente
imposibilitadas de conseguir trabajo.
La UCA también indica que la alta
rotación entre períodos de empleo y desocupación continúa siendo preocupante.
Entre 2007 y 2011, el porcentaje de ciudadanos activos que no tuvo continuidad
laboral en el último año se incrementó del 21,7% al 23,5%.
El informe consigna otras
desigualdades del mercado laboral. Sólo un 38,9% de las mujeres activas
pudieron obtener un empleo pleno mientras que sí lo obtuvieron un 49,2% de los
varones. Además, un 41,4% de los jóvenes y un 50,5% de los adultos presentaron
empleo pleno, mientras que sólo un 32,6% de los adultos mayores activos
accedieron a trabajos de calidad.
Por otra parte, la población
económicamente activa en una situación de subempleo inestable (realizando
changas, trabajos temporarios o no remunerados, o siendo beneficiarios de
programas de empleo con contraprestación) se incrementó por las crisis nacional
e internacional. Entre 2007 y 2010, pasó de 7,3% a 9% de la PEA. Este escenario
se acentuó en 2011, consecuencia de las políticas anticíclicas que convirtieron
a desocupados en beneficiarios de planes de empleo, alcanzando el 11,2% de la
PEA.
Las dificultades en la creación
de empleo no son exclusivas de la Argentina. Un informe de Ecolatina señala que
el empleo global creció levemente en los últimos dos años, apenas 1,3% anual.
“Este incremento permitió estabilizar la tasa de desempleo mundial en torno al
6%, pero no alcanzó para reducir la desocupación a niveles precrisis”, por lo
que la cantidad de desocupados en el mundo ya ronda los 200 millones de
personas.
Fuente: www.ieco.clarin.co. 15-07-2012
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